top of page

Los fantasmas que nos habitan

  • Oriana Muñoz Ramos
  • 4 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Luego de Halloween, me quedé reflexionando en torno a los fantasmas. Desde niños nos cuentan historias de fantasmas: espíritus que rondan viejas casas con asuntos pendientes. Y aunque de adultos digamos no creer, la imagen del fantasma conserva un poder único para helarnos la sangre. ¿Por qué?


Para el psicoanálisis, el fantasma no es el muerto que vuelve, sino la parte de nuestra propia historia que se niega a morir. El fantasma: son esas marcas que dejaron los otros en nosotros, que permitieron construirnos una forma de estar y mirar el mundo. Es nuestra historia actuándose una y otra vez ante nuestros ojos, sin que entendamos el porqué. Es tropezar constantemente con la misma piedra. 


El fantasma es una forma que tenemos de leer el mundo. Son esas frases marcadas sobre cómo somos o cómo es el mundo: nadie me escucha, me va mal en el amor, no soy una persona interesante, siento que soy una carga para el resto, tengo que siempre ser el mejor, todo lo que me propongo lo cumplo.


Es una lectura que uno no sabe que tiene, porque funcionamos automáticamente desde ahí, o mejor dicho, inconscientemente. No nos damos cuenta cuando actuamos desde esos lugares, o incluso, no actuamos.


El fantasma nos da un ser frente a la falta en ser. Porque nadie tiene el secreto de su existencia, no hay tal cosa como un ser completo, hay una incompletud, es decir: no sabemos muy bien por qué existimos. 


El fantasma es una respuesta frente a lo que se espera de nosotros, y esa respuesta se construye con marcas desde que nacemos, de lo que vamos viendo y escuchando, de lo que se va seleccionando, y se van tejiendo inconscientemente. A veces se logra vivir bien con esa respuesta frente a la vida, pero otras veces esa respuesta genera dolor, o esa respuesta ya no sirve.


En un análisis, no se busca hacer un exorcismo para expulsar al fantasma. Al contrario, se le ofrece un lugar para que pueda, por fin, hablar. Se trata de poder darnos cuenta de su existencia y transformar nuestra relación con él. 


Escuchar al fantasma es traducir su lamento silencioso en palabras. Es la única forma de entender su historia para que deje de ser una condena a la repetición. Solo así, el fantasma puede, finalmente, descansar en paz. Y nosotros, vivir en el presente.


Fotografía análoga
Fotografía análoga

 
 
 

Comentarios


bottom of page