top of page

¿Por qué pedir ayuda?

  • Oriana Muñoz Ramos
  • 20 ago 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 18 oct 2025

¿Será que necesito ayuda? A veces, esta pregunta apenas se insinúa, como un murmullo al caer la noche o al iniciar el día. 


Pero cuando aparece, es como si tuviésemos compuertas que empiezan a abrirse en forma de pensamientos enredados, emociones confusas, y una duda que persiste: ¿Qué me pasa? 

Vivimos en tiempos donde la autosuficiencia es aplaudida, y pedir ayuda se vuelve una derrota, donde el malestar significa una falla personal: fallé, no puedo, no sé cómo. Esto nos hace creer a momentos que el problema es uno, como si nada de lo que nos rodea tuviese un efecto en nuestra historia. 


Nos enseñaron que el tiempo apremia, que el tiempo no se malgasta, no hay que perderlo. Y por eso vamos deprisa, seguimos produciendo aunque duela, buscando solucionar de forma eficiente, buscando sanar ahora ya. 


Hemos incorporado la idea de que necesitamos recuperarnos rápido de todo lo que nos pase, ya sea físico o emocional. Buscamos respuestas rápidas y sencillas, algo que haga efecto inmediato, porque no hay tiempo para pensar, para reflexionar o sentir, no hay tiempo para detenerse.


El problema detrás de esta "lógica", es que está mal visto estar mal, es un signo de debilidad parar. Lo cierto es que cuando la vida se vuelve caótica y dolorosa, no podemos solo seguir y forzarnos a rendir, y no porque no podamos realmente, sino porque los dolores empiezan a habitar nuestro cuerpo, nuestra mente, los pensamientos, los sueños, hasta que llega un punto donde duele existir.

 

A veces, no es que no se pueda seguir, es que no deberíamos seguir así. Si sientes que los días pesan, que el mundo se empieza a volver extraño, que no hay descanso ni siquiera por las noches. Si sientes que hay situaciones que te sobrepasan y no sabes qué hacer, si sientes que cuesta ponerle palabras a ese sentir, o que incluso cuesta habitar el silencio... 


Quizás sea momento de pedir ayudar, permitirte tener un espacio de cuidado, permitir que otro te escuche. Y no porque sea una debilidad, sino porque nadie debería cargar con tanto a solas. Buscar ayuda es una puerta de inicio; compartir ese peso puede hacer que la vida se vuelva más llevadera, y a veces, eso basta para volver a respirar, para volver a creer y para volver a vivir. 


 
 
 

Comentarios


bottom of page